Por increíble que les parezca, les voy a contar lo que me ha ocurrido en su magnífico hotel DE CUATRO ESTRELLAS.
A través de la Agencia de Viajes Inercia (Viajes Marsans) reservamos, y pagamos por adelantado, dos habitaciones dobles en su maravilloso hotel para pasar las noches de los días 13, 14 y 15 de agosto de 2005.
Al llegar a esa panacea del descanso que es su Hotel Marsol, nos adjudicaron una habitación en la planta quinta, y la habitación número 13, en el piso bajo. Después de caminar y caminar por enrevesados pasillos subterráneos, al fin llegamos al suplicio al que ustedes denominan habitación número 13.
Entramos en una habitación a pie de calle con las siguientes características:
Primero: dos maravillosas ventanas. Un gran ventanal en el que se anunciaba la "Cafetería El Faro" que daba a una calle peatonal con su estanco y su Todo a Cien, y una ventana más pequeña que daba a un callejón con unas escaleras que por la mañana apestaban a orín. El gran ventanal de la "Cafetería El Faro" no se podía abrir porque era una cristalera cerrada, y la ventana del callejón tampoco porque no nos apetecía saludar a todos los que paseaban por allí por el día, o iban a excretar por la noche. Tampoco podíamos descorrer las cortinas porque los paseantes y los excretantes podían ver todo lo que ocurría dentro de la habitación. Conclusión, en tres días que hemos estado allí, no hemos podido abrir las ventanas ni descorrer las cortinas de nuestra maravillosa habitación de hotel de CUATRO ESTRELLAS. Con lo cual no hemos podido disponer ni de luz natural ni de ventilación. Si no me creen hemos hecho multitud de fotos desde dentro y desde fuera.
Segundo: un cuarto de baño de lujo. No sé si decirles si era más grande el cuarto de baño o el minibar, creo que el cuarto de baño pero por poco. Dos personas juntas no cabían dentro, porque la puerta no se podía abrir, ya que chocaba con la taza, y no superaba los 45 grados de apertura, con lo cual había que entrar de lado, pero eso sí, uno sólo. Lo bueno que tenía era que la puerta del baño no cerraba, así que, si bien dos personas no cabían dentro, por lo menos se podía hablar con el de fuera. Cuatro estrellas.
Visto lo visto, nos acercamos a recepción para ver si nos podían cambiar la habitación, ya que leímos en su página web que "...en todos ellos siempre encontrara la calidez de un equipo humano preparado para hacer que usted se encuentre muy a gusto." (sic)
Pues bien, el equipo humano preparado para hacer nosequé que se encontraba en recepción nos comunicó muy amablemente que no nos podían cambiar la habitación porque nos había sido adjudicada en un sorteo??????????? Toma ya!!!! No me toca nunca nada, y para una vez que me toca algo, me toca su habitación número 13. Le pregunté al amable equipo humano si el sorteo fue ante Notario, y me respondió que no, que había sido un sorteo hecho por su ordenador. Serán cosas del Windows, no sé. Pero que era ma-te-rial-men-te-im-po-si-ble cambiar el planning (que no sé qué es, pero suena estupendamente). Pedimos el libro de reclamaciones y el equipo humano se negó a dárnoslo alegando que únicamente podríamos poner una queja en el momento de abandonar la "habitación" y pagar..., aunque ya hubiéramos pagado por adelantado. Ante este espectacular despliegue dialéctico no nos quedó otra opción que volver al zulo número 13.
Llamamos a Viajes Marsans y nos dijeron que a las 6 de la tarde intentarían cambiar el planning (que sigo sin saber qué es). Así que a las 6 en punto de la tarde estábamos como unos clavos ante el equipo humano vespertino de recepción preguntándoles si nos cambiaban la habitación o no. Y en ese momento en el que todo parece perdido y el sentido de la vida parece esfumarse absorbido por el equipo humano de la recepción de su hotel, nos comunican que nos han adjudicado la habitación número 1. Ay Dios, casi se nos saltan las lágrimas de pura emoción. Casi nos comemos a besos al equipo humano vespertino. Fue como una inyección de vida en nuestros atolondrados cerebros. Fuimos corriendo por esa maraña de pasillos subterráneos a recoger todas nuestras cosas y apresurarnos a sacarlas del zulo número 13 para introducirlas en la habitación número 1. Era otra habitación, también a pie de calle, pero mucho más grande, y daba a un patio por el que no pasaban tantos paseantes y excretantes. El cuarto de baño nos pareció un campo de fútbol comparado con el del zulo número 13. Se habían cumplido casi todos nuestros deseos, excepto tener unas vistas un poco decentes, pero daba igual. Cuando fui a devolver la llave del zulo número 13 al equipo humano vespertino, éste se dio cuenta de algo raro. Ay Dios otra vez, toda mi vida en imágenes pareció pasar ante mis ojos, viendo al equipo humano vespertino mirar al ordenador y decirme, espere, espere...
Cómo no. Se habían equivocado y nos habían adjudicado una habitación que pertenecía a unos señores muy amables que estaban esperando en la recepción. Dios mío, qué volátil es a veces la alegría. Tuvimos que volver a sacar nuestros equipajes de la habitación número 1 y volver a llevarlos al zulo número 13 entre llantos de desesperación.
Nos pusimos a hablar con los señores amables, que ya habían visto su habitación y se estaban enterando de nuestra odisea. Los señores amables y nosotros decidimos pedir el libro de reclamaciones para poner dos quejas (una ellos y otra nosotros, y eso que no habían visto el zulo por dentro), y esta vez sí. El equipo humano vespertino nos proporcionó las hojas de reclamaciones que por la mañana no se podían pedir, será cosa de sorteos también, o del planning, lo desconozco. Así que los señores amables y nosotros pusimos dos reclamaciones. Hay que decir, que en nuestra reclamación, también nos quejamos de que debajo de la puerta del cuarto de baño que no se puede abrir, había una mata de pelos (también hicimos fotos).
Bueno, pues ya está. Nos fuimos a dormir.
Pero no se crean que han acabado aquí nuestros desconsuelos, casi queda lo peor. El hotel decidió poner fin a nuestras desventuras y solventar lo que buenamente pudieran de lo escrito en las hojas de reclamaciones. Y dicho y hecho, al día siguiente por la mañana al pasar por delante de la recepción nos comunican que habían decidido DESPEDIR A LA ENCARGADA DE LA LIMPIEZA. Digo en el encabezado que el hotel estafa a sus clientes, pero es que pasan ustedes de ser unos estafadores a ser unos cretinos.
En su página web, también aparece la siguiente cita: "son hoteles urbanos o de playa, de capacidad media (entre 60 y 400 habitaciones), en los que, precisamente por su tamaño, usted nunca se sentirá un desconocido."
No es que no nos sintiéramos desconocidos, es que llegó un momento en el que ya nos daba miedo pasar por delante de su equipo humano, ya que éste se encargó de recriminarnos en diferentes ocasiones que, por nuestra culpa, habían despedido a la encargada de la limpieza.
Enhorabuena, señores de Celuisma, han conseguido rizar el rizo. Con su política comercial y de despidos han conseguido amargar las vacaciones a algunos de sus clientes (seguramente los menos, pero creo que igual de importantes). Sigan así, les auguro un futuro prometedor en el mundo de la hostelería. Yo personalmente pienso pasar varias veces por todos y cada uno de sus hoteles sólo para saber si este espectáculo es cosa del grupo Celuisma o sólo del hotel Marsol.
Y a todo esto, se preguntarán. ¿Dónde estaba el Director del Hotel? No sabemos, porque hasta el día 16 no iba a aparecer por allí. Estaría aprovechando el puente para salir unos días y dejar el hotel en manos del "equipo humano preparado para hacer que usted se encuentre muy a gusto".
Muchísimas gracias por todo. Creo que volverán a tener noticias nuestras, y posiblemente, también de la encargada de la limpieza.
PD.: Pueden readmitir a la encargada de la limpieza, porque les aseguro que la culpa de su ineptitud no la tiene ella.
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Sector:Hosteleria Enviada por: Anónimo
Fecha:17/08/05 00:00:00 Url de la queja:
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